Hay muchos tipos de juguetes para perros en el mercado. Algunos mejores, otros peores, y unos cuantos diseñados para ir mucho más allá del simple entretenimiento.

Si tú te lo pasas bien jugando al Tetris o resolviendo Sudokus, ¿imaginas que existiera algo similar para tu perro?

Hoy quiero daros mi opinión sobre los “juguetes interactivos”. ¿Es todo marketing o de verdad son diferentes al resto? Y, sobre todo: ¿vale la pena comprarlos?

QUÉ SON

Los juguetes interactivos para perros son el equivalente, en el mundo del entretenimiento canino, a los juegos de inteligencia del tipo Sudokus, Tetris o Puzzles del ámbito humano.

Funcionan de la siguiente manera:

El animal tiene que levantar, empujar o mover diferentes fichas, debajo de las cuales hay comida. Debe poner a funcionar su ingenio para mover las piezas y encontrar el premio escondido.

Como en los puzzles, también existen diferentes niveles de dificultad y lo ideal es empezar por algo fácil para ir aumentando la complejidad. Si no, el perro puede frustrarse y eso arruina por completo la diversión.

 Juguetes interactivos para perros educación canina

PARA QUÉ SIRVEN

El objetivo de estos juguetes es plantearle al perro retos cognitivos, estimular su mente y hacerle más hábil en la resolución de problemas.

El ejercicio físico está muy bien pero no hay que olvidar que… ¡los perros domésticos también necesitan ejercitar sus neuronas!

 

PARA QUE NO HAYA DUDAS: CÓMO SE JUEGA

Los juguetes interactivos para perros están planteados para estimular la relación entre perro y propietario.

Vamos a dejarlo claro: la idea no es que tu perro juegue solo mientras tú miras la TV. Para eso ya existen los huesos comestibles y los juguetes masticables. No, la idea aquí es otra: que juguéis juntos.

Eso quiere decir, por ejemplo, que puedes aprovechar el juguete para enseñarle a tu perro a estar sentado y tranquilo mientras colocas los premios bajo las piezas (control ante estímulos); puedes utilizar el juego para animarle cuando esté a punto de levantar la ficha correcta y  reforzar así vuestro vínculo; puedes enseñarle a agarrar las piezas con la boca o moverlas con la pata según le pidas una u otra cosa, etc.

QUIÉN LOS INVENTÓ

Los inventó Nina Ottosson en Suecia cuando, después de tener dos niños muy seguidos (con un año y pocos meses de diferencia), se encontró sin tiempo para mantener el mismo nivel de ejercicio físico al que tenía acostumbrados a sus Boyeros de Berna.

Nina Ottosson entrenaba y competía con sus perros de forma habitual, de modo que sabía que reducir su estimulación física y mental iba a ser un gran cambio para ellos. Su “mala conciencia”, como ella misma explica, fue la que le empujó a inventar estos juguetes.

¿SÓLO MÁRKETING O DE VERDAD MERECEN LA PENA?

La historia de Nina Ottosson puede sonar muy  marketiniana pero, en realidad, la idea de base es realmente buena.

Los perros domésticos viven en un entorno tan controlado por nosotros que tienen pocas oportunidades de hacer valer su inteligencia. Se lo damos prácticamente todo hecho. Con los juguetes interactivos se consigue estimular su mente, enriquecer el ambiente en el que viven, hacerlo más interesante y aumentar su habilidad ante la resolución de conflictos.

IDEALES PARA PERROS INSEGUROS

Los juguetes interactivos son buenos para todo tipo de perros, pero tienen una ventaja adicional para los que son miedosos o tímidos.

Como ocurre con las personas, a los individuos inseguros les viene muy bien que, al afrontar pequeños retos, el resultado sea positivo. Y eso es, precisamente, lo que ocurre cuando el perro consigue levantar la pieza y encontrar el premio.

En definitiva, si quieres saber cómo de bueno es tu perro resolviendo sudokus caninos, ya sabes: déjale probar un juguete interactivo 🙂

3 Comments

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