Cada día veo a más personas entrar con sus cachorros en zonas reservadas para perros con la mejor de las intenciones: enseñarles a relacionarse con otros perros. La realidad es que educar a un cachorro en un pipi-can puede ser muy mala idea si no se tienen en cuenta algunos aspectos importantes. Enseguida te cuento cuál es la delgada línea entre la educación y el despropósito…

Hace algunas semanas hablaba con Bea Gazeau, compañera de profesión, sobre los riesgos que los llamados pipi-canes o áreas caninas tienen para algunos perros. Ella tiene un interesante artículo sobre el tema colgado en su blog. A partir de esa lectura y de nuestra conversación, empecé a pensar que era necesario escribir este post en SimiperroHABLARA.com.

Combatir el “exceso de ganas” de educar a un cachorro

Educar a un cachorro es algo que suele cogerse con muchas ganas. Sin embargo, hay que saber medir muy bien esa ilusión inicial porque un “exceso de ganas” se puede pagar muy caro.

Vale la pena pasar por la tienda y preparar la llegada del cachorro a casa con todos los accesorios necesarios para que se encuentre a gusto y saludable (es fundamental elegir una buena alimentación, escoger un buen arnés, correa, etc.). Y, de la misma manera, hay que preparar bien su educación para no caer en errores irreversibles.

Los perros aprenden a relacionarse con las personas y con los otros perros durante toda su vida, pero fundamentalmente lo hacen durante la etapa de cachorros, que es cuando están especialmente abiertos al aprendizaje .

El tipo de encuentros e interacciones que un cachorro mantenga con otros perros durante el periodo de socialización y, en general, durante toda su etapa de cachorro, marcarán su capacidad de relacionarse correctamente con otros perros cuando crezca. Por eso es tan importante encontrar el punto justo entre socializar al cachorro o abrumarlo con la exposición a otros perros.

Los riesgos de las áreas para perros

Enseñar a un cachorro a relacionarse con otros perros no significa exponerlo a otros perros sin más. Eso puede ser más un acto de inconsciencia que una enseñanza.

Las zonas reservadas para perros suelen tener varios problemas a la hora de educar a un cachorro y socializarlo correctamente:

  • Exceso de perros: en “hora punta”, algunos pipi-canes o áreas caninas se llenan de perros. En poco espacio, se congregan demasiados animales. Muchos de los perros ni siquiera se conocen entre sí. No son grupos estables con una estructura jerárquica definida, y tampoco con unas relaciones afiliativas y de confianza consolidadas entre sus miembros. Esto hace que sea más fácil que surja el conflicto.
  • Perros fuera de control: es habitual que el pipi-can del barrio se convierta en territorio comanche; escasean las normas y los límites. Es usual encontrar perros sobreexcitados que juegan demasiado brusco. También suele ser frecuente que varios perros avasallen a otro intimidándolo hasta que el propietario interviene, con suerte, o hasta que se desencadena la pelea.
  • Propietarios poco diestros en el manejo de sus perros: no todo el mundo tiene la misma habilidad a la hora de manejar a su perro. Por falta de conocimiento, muchos propietarios no controlan a sus perros como deberían. En otros casos, el mal manejo tiene que ver con que están despistados hablando con otros propietarios en vez de mantenerse vigilantes.
  • Zona cerrada sin escapatoria: por desgracia, las áreas para perros en la mayoría de ciudades de nuestro país son espacios reducidos. Eso incrementa la sensación de imposibilidad de escape en algunos perros tímidos, miedosos o, simplemente, en canes que prefieren interaccionar con pocos perros y no con un montón de ellos a la vez.
  • El momento de la entrada, 100% invasivo: ¿Os habéis fijado alguna vez en lo que hacen los perros de un pipi-can cuando uno nuevo entra en el “ruedo”? Inevitablemente, el momento de la entrada es delicado: el perro que entra es objeto de atención de un montón de perros que ya están dentro del pipi-can y que se acercan a olfatearlo, a montarlo, a marcarlo, etc. Para algunos perros, y sobre todo cachorros, este momento es tremendamente estresante.

¿Cómo SÍ enseñar a un cachorro a relacionarse correctamente con otros perros?

Enseñar a un cachorro a relacionarse correctamente con otros perros no es algo que pueda resumirse en cuatro líneas y lo mejor es buscar la orientación profesional de un educador canino o un etólogo canino. Sin embargo, hay algunas premisas básicas que pueden explicarse en un post y que son parte de la llave del éxito 😉

  • Observación: si quieres educar a tu cachorro, lo fundamental es observarlo siempre atentamente y aprender a leer su lenguaje corporal. Sólo de esta manera serás capaz de darte cuenta de si está asustado, relajado, estresado, etc. y reaccionarás a tiempo.
  • Interacciones controladas (inicio y finalización a tiempo): en la medida de lo posible, procura que tu cachorro interaccione con otros perros en un ambiente controlado. Es decir, que puedas intervenir antes de que sea demasiado tarde si surge un conflicto, si tu cachorro se siente abrumado o si, simplemente, crees que está demasiado sobreexcitado. En realidad, lo mejor para lograr un ambiente controlado es acudir a clases de socialización de cachorros que estén conducidas por un profesional cualificado.
  • Perros bien socializados y equilibrados: igual que no juntarías a tu hijo/a con el macarra de la clase para que aprendiera buenos modales, entre perros ocurre lo mismo.
  • Pocos perros a la vez: siempre es más controlable un ambiente con pocos perros que un entorno lleno de ellos. Tenlo en cuenta y evita aglomeraciones caninas. Algunos cachorros son capaces de relacionarse bien con pocos perros pero se sienten muy incómodos si son obligados a gestionar encuentros de dos o más perros.
  • Control en el juego: el juego tiene que ser divertido, lo que no quita que existan límites y normas. Lee este artículo para saber cuándo el juego entre perros es inapropiado y este otro para saber interpretar correctamente cuándo un perro está jugando o peleando.

Los cinco puntos anteriores son los pasos a seguir para conseguir los dos objetivos fundamentales: 1-Que el cachorro tenga el máximo de experiencias positivas mientras se relaciona con otros perros. 2- Que los perros con los que se relacione le enseñen apropiadamente a respetar los límites y las normas sociales caninas. Alcanzar ambos objetivos es la clave para evitar problemas de comportamiento del cachorro en su edad adulta.

No confundir educación con inhibición

Algunos cachorros se sienten tan superados por la situación cuando se les obliga a entrar en un pipi-can con un montón de perros que inhiben cualquier tipo de respuesta y se muestran excesivamente tímidos o pasivos.

En estos casos, no hay que confundir educación con inhibición.

Un cachorro que no puede huir de una situación que le desagrada pero que tampoco se siente capaz de enfrentarse a ella, puede inhibirse. Que esté “calladito” no significa que se sienta tranquilo y seguro de sí mismo. En realidad, no está aprendiendo a gestionar emocionalmente esa situación, lo cual puede derivar en problemas de miedo y agresividad cuando crezca.

Ten siempre en cuenta lo anterior y tendrás mucho ganado a la hora de educar a tu cachorro. No es tarea fácil pero vale la pena dedicar tiempo y paciencia a ello. Como siempre digo: “Educar a un perro es invertir en felicidad”.
Ilustración de Oliver Montiel.

5 comentarios

  1. Es un artículo muy interesante y tienes muchísima razón…yo prefiero sacarle a pasear y que se pare con perros que el pipi-cane que el pobre se siente sobrepasado, y se esconde debajo de un banco.

  2. Como enseñarle a hacer pis y caca. No puedo lograr eso. Y vivo en departamento. Gracias

  3. Muy buenos consejos, me ha encantado el post y las reflexiones que haces. A veces es sorprendente como nos olvidamos de las cosas más obvias y sencillas, y al final la clave siempre está en una buena educación. Gracias y felicidades por el blog!

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