Creo que convivir con un perro es una experiencia muy gratificante. A mí, personalmente, me encanta. Sin embargo, cada día veo a más propietarios que tienen problemas para disfrutar con sus perros porque no les hacen caso o “se portan mal”…

En realidad, los perros nunca se portan mal, lo que pasa es que nuestras normas sociales no son las mismas que las suyas.

Ellos se comportan como perros, que es lo que son, y a nosotros eso nos resulta problemático: ladran, muerden, se quejan al quedarse solos en casa… Entender el origen de sus comportamientos y encontrar la manera de adaptarlo a nuestro estilo de vida es la clave para una convivencia feliz. Pero hay que saber cómo hacerlo para preservar, en todo momento, el bienestar del animal.

Educar a un perro está al alcance de cualquiera que quiera dejarse orientar por un profesional. Y una vez dado el paso, ya no hay vuelta atrás porque todo son ventajas. Para el propietario y para el perro.

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