¿Perros y humanos cazábamos mamuts juntos?

¿Qué ocurre cuando los arqueólogos encuentran cráneos de perro datados de hace más de 30.000 años? ¡Pues que todos nos quedamos con la boca abierta!

¿Por qué? Porque eso quiere decir que los primeros perros existieron ¡ya en el Paleolítico!

Es posible que el origen de la relación entre nuestras dos especies se basara en el hecho de que, cazando junto a aquellos primeros proto-perros, nuestros ancestros obtenían mejores resultados que cazando solos.

Los perros eran más hábiles persiguiendo e inmovilizando a la presa y nosotros matándola. ¡Podéis imaginaros la dificultad de atrapar grandes mamíferos como los mamuts de aquel periodo…!

En realidad, iba a escribir este post para contaros más acerca de esta cooperación en la caza, pero un recientísimo estudio científico me ha desmontado el artículo… :O ¿Queréis saber por qué?

Los perros son la primera especie animal que los humanos domesticamos. Luego vinieron el gato, la cabra o el cerdo. Por ese orden.

Los primeros perros surgieron a partir de la domesticación de los lobos. Sin embargo, el momento en que ese proceso se inició y el modo en el que se desarrolló es todavía incierto.

 

Del lobo al perro

Arqueólogos y genetistas hacen sus hipótesis sobre el momento en que se inició el proceso de domesticación en base a los hallazgos de restos óseos encontrados hasta el momento. Así, hasta hace algunos años se pensaba que los primeros perros habían aparecido en Asia y Oriente Medio hace entre 12.000 y 15.000 años.

En aquel entonces, ya existían asentamientos humanos y, según explican los expertos, es posible que algunos lobos (los menos miedosos, seguramente) se acercaran para alimentarse de los desperdicios que los humanos generábamos. Luego, con el tiempo, probablemente fueron acercándose más y más a nosotros y es posible que nuestros ancestros capturaran alguno de ellos para utilizarlo en tareas concretas o, simplemente, como entretenimiento (probablemente, algún cachorro).

 

Cráneos de ¿perro?

Sin embargo, cuando parecía que los expertos empezaban a tener un poco claro el origen del proceso de domesticación, resulta que, en 2011, nuevos hallazgos arqueológicos ponen en entredicho la hipótesis que acabamos de explicar…

En Bélgica y en Rusia se encuentran cráneos de ¿lobos? datados de hace 30.000 años y con claros signos de haber sufrido un proceso de domesticación.

Para entender esto hay que tener en cuenta que la domesticación produjo cambios morfológicos como, por ejemplo, la proyección de las órbitas oculares del perro hacia delante, una capacidad craneal reducida, dientes caninos más pequeños, menor dimorfismo entre las diferentes piezas craneales, etc.

Después de ciertas comprobaciones genéticas, se determina que esos cráneos pertenecen, definitivamente, a perros y no a lobos. Y, a partir de ahí, el panorama cambia al colocar el inicio de la relación entre personas y perros en un momento en el que no existían asentamientos humanos ni agricultura. Por lo tanto, la hipótesis de los lobos que se acercaban a comer los desperdicios de los humanos, se desmonta y aparece la de la cooperación en la caza.

 Cráneo perro lobo

¿Perros y humanos cazábamos juntos?

Estudios actuales (Ruusila & Pesonen, 2004) han demostrado que, en la caza de animales como alces, cuando perros y humanos cooperamos, los resultados son mejores.

Teniendo en cuenta que los alces son grandes ungulados similares a los que existieron durante la prehistoria, podemos imaginar que nuestros ancestros encontraron ventajoso cazar junto a los lobos hace 30.000 años. Y es posible que, una vez atrapada y matada la presa, compartieran el festín con sus “compañeros” de caza, dejando para ellos aquellas partes más duras y menos digeribles como los huesos.

En este contexto, es interesante destacar que se han descubierto evidencias de mordiscos en huesos de grandes mamíferos del Pleistoceno que fueron encontrados cerca de restos óseos humanos de aquel periodo (Haynes, 1983). ¡Wuau!

 

Nuevos estudios desmontan la hipótesis de la caza conjunta

Pero, de nuevo, una vez que los expertos tenían un poco más claro el origen de la domesticación del perro, resulta que llega un nuevo estudio y la desmonta otra vez 🙁

En este caso, se trata de una investigación dirigida por expertos del Skidmore College, que sugiere que los supuestos cráneos de perros de hace 30.000 años son, en realidad, cráneos de lobos.

Para hallar sus conclusiones, los biólogos Abby Gracia Drake y Michael Coquerelle usaron un escáner 3D con el que analizaron la morfología de los dos cráneos que, hasta ahora, se utilizaban como pruebas fehacientes de la existencia de perros domesticados en la época del Paleolítico. Uno belga y otro ruso.

El estudio, publicado el pasado5 de febrero en la revista Nature, es el más actualizado hasta el momento y parece que retorna el origen del perro 15.000 años atrás.

 

Lo que sí empieza a estar claro

No se sabe todavía en qué momento de la historia el lobo dejó de ser lobo para convertirse en perro. Sin embargo, lo que sí comienza a desvelarse es el hecho de que la especie de lobo que dio origen al perro doméstico ya no existe.

Estudios genéticos sugieren que ninguno de los lobos modernos pudo ser el antecesor directo de nuestros perros actuales.

 

En conclusión

Parece que todavía nos quedan muchas cosas que conocer sobre el momento en el que surgió esa relación de cooperación entre perros y humanos. Sin embargo, mientras los expertos siguen con sus pruebas genéticas y sus indagaciones arqueológicas, una cosa está clara: la unión entre nuestras dos especies tiene algo que la hace especial. De hecho, es la más larga que existe entre humanos y cualquier otro animal que hayamos domesticado.

Quizás este hecho pueda dar pie a una reflexión sobre el respeto que nos merecemos mutuamente y la responsabilidad que los humanos tenemos de velar por la continuidad de esa relación cuidando adecuadamente de nuestros perros.

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Bibliografía

Para no aburrir con las citas a los estudios científicos mencionados en el texto, prefiero remitir al lector al Capítulo 1 del libro “The Social Dog. Behaviour and Cognition”, de Juliane Kaminski y Sarah Marshall-Pescini.

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